Adiós, pues nunca llegué a decírtelo. Adiós, que no hasta luego, sino adiós, porque quien una vez se fue nunca vuelve.
Déjame convencerme de que tú no querías, de que fue cosa del azar, del destino, de la vida, que todo fue fortuito y que nadie decidió.
Déjame creer que en esa última mirada que te leí escribiste "te quiero". Déjame sentir que lo fuiste todo y que lo sigues siendo sin estar.
Guárdame un pedacito de tu cielo, así, cuando volvamos a encontrarnos, podremos vivir juntos.
De la rosa de tu corazón guárdame una espina, para que al pincharme sienta que soy real, que respiro y vivo.
A veces, mirando las estrellas, pienso si en alguna de ellas quedó guardada tu mirada color miel, pero ninguna te refleja ni me besa desde el infinito.
Y mientras las olas del Mediterráneo enfrían mis pies, me aseguro de que todo va bien y de que, estés donde estés, no te has olvidado de lo que fue y lo que pudo ser. Y que, al igual que yo, piensas en lo que será.
Querida media espina, que mis lágrimas has derramado, vuelve antes de que sea sangre lo que corra. Antes de que sane este dolor y no vuelva a recordarte. Vuelve aunque sea en sueños, en reflejos, fotos o cartas, rumores, sonrisas o lágrimas, pero vuelve, aunque sea para hacerme sufrir.
De la rosa de tu corazón guárdame una espina, para que al pincharme sienta que soy real, que respiro y vivo.
A veces, mirando las estrellas, pienso si en alguna de ellas quedó guardada tu mirada color miel, pero ninguna te refleja ni me besa desde el infinito.
Y mientras las olas del Mediterráneo enfrían mis pies, me aseguro de que todo va bien y de que, estés donde estés, no te has olvidado de lo que fue y lo que pudo ser. Y que, al igual que yo, piensas en lo que será.
Querida media espina, que mis lágrimas has derramado, vuelve antes de que sea sangre lo que corra. Antes de que sane este dolor y no vuelva a recordarte. Vuelve aunque sea en sueños, en reflejos, fotos o cartas, rumores, sonrisas o lágrimas, pero vuelve, aunque sea para hacerme sufrir.