martes, 6 de octubre de 2015

Carta a los vivos.



Querido amor mío,

        Des de que el cáncer me venció i nos separó te vigilo cada día des de aquí arriba. ¿Y sabes qué? Es el olor de tu café el que me sigue despertando cada madrugada. Es aquí donde empieza mi día, con tu café, que aunque lo huela des del cielo, las sensaciones que experimento siguen siendo las mismas.

        Miro como te embotonas la camisa y como te atas los zapatos, como lo hacías cada mañana que estábamos juntos. Pero no eres el de siempre, lo sé, lo he visto en tus ojos, en tus lágrimas. No llores más, por favor.

        Te contaré un secreto que me ha contado mi abuela. Cada lágrima que derramas por mí y cada suspiro que te vacía el alma, es una pluma que crece en mis alas. Y será el día que derrames la última lágrima, el día que te acabes de vaciar con un último suspiro, el día que me crezca la última pluma, el día que me convierta en ángel, cuando empezarás de cero, cuando reharás tu vida, cuando puedas volver a conocer a alguien y puedas volver a enamorarte.

        Así que, por favor, no llores más. Estoy bien, te lo prometo. Me he liberado del horrible sufrimiento que nos hacía malvivir, así que no sufras por mí.

        Te espero en el cielo, entre nubes y flor de sauco. No tengas prisa.

    Atentamente,
             tu ángel.