miércoles, 15 de abril de 2015

Perdona la lujuria porque todos caemos en la tentación.
Perdona a quien te daña, que no siempre lo hace a conciencia.
Y perdónate a ti misma por cederle la lujuria en la que un dia aquel cabrón cayó.

A ti.


Déjame decirte que esta vez sí eres tú, al que nunca escribo pero en quien contínuamente pienso; sí, esta vez sí escribo por y para ti.

Déjame ser caprichosa y pedirte que me cedas una noche más contigo y prometo convencerte para que te quedes conmigo las mil que están por venir.

Regálame otro beso y te devolveré los que me has dado hasta ahora, incluso podría perdonarte todos los que me has robado.

Cuéntame que se siente cuando todo lo confundes y nada sabes.
Prometo ayudarte a amueblarte y decidirte, sin condicionarte, sin obligarte a amar. Déjame que te ayude a que te encuentres, aún sabiendo que la verdad siempre nos llevará a odiarnos un poco.

Ha llegado el momento en el que mis demonios me piden un infierno más grande, y ese infierno lo quiero contigo. Y es que no busco un cuento con final feliz, busco, simplemente, ser feliz.

Frutos rojos.

 
El olor que desprenden las sábanas me resulta familiar, tan familiar que podría ser tuyo. Fruto de aquella noche de pasión que no olvido y que me eriza el bello cada vez que la recuerdo.

Ese mágico olor me lleva donde quiera estar sin desprenderme de ti. Porque tan poderosos son los sentidos que aún saliendo de mis sábanas persiguen tu olor, ese mismo que me persigue entre el gentío.

Voy al mercado y huele a ti, entro en el coche y huele a ti, salgo al balcón y las hojas movidas por el viento me devuelven tu aroma al ritmo de mis lágrimas.

Fresca juventud de alma apagada, hazme sentir las caricias que con miradas me das, pervierte mis sentidos y enséñame a amar.

martes, 14 de abril de 2015

Noches de esas.


Hablemos de lujuria, de placer, de noches de pasión, noches desenfrenadas.
Hablemos de latidos y gemidos, de besos compartidos. De risas saturadas. De sábanas sucias y piel sudorosa.
Hablemos de tímidos rayos asomándose a la persiana, de bostezos seguidos de caricias. Hablemos de aquella noche que acabó en un rojo y cansado amanecer.

Vuelve a acariciarme, a repasar mis labios con tus dedos y a subrayar mi cuerpo con tus manos. Volvamos a sentirnos, a gritarnos, agitarnos y abrazarnos. Volvamos a mostrarnos qué es placer y qué lo diferencia del amor.
Arráncame la ropa y arrincóname. Confúndeme, quiero sentirme indefensa y vulnerable ante tu depredadora mirada; quiero gozar el miedo a tu roce y sentir tu aliento en mi piel.

Bendita lujuria disfrazada de cariño, amor, afecto, admiración o como carajos se diga.
Bendita la obsesión que me hará volver a ti sin pensar y maldita yo, que volveré.
Maldito gañán, me engatusaste. Ni que existiera la posibilidad de que llegues a querer. ¿En qué estaría pensando? ¿En amor? Estúpida juventud...

Empáñame los cristales sin escribir en ellos falsas promesas, dibújales huellas y arañazos. Prometo no desnudar mi alma, me quitaré la ropa, dejando al descubierto lo que a la vista alcanza.

Diablo vestido de ángel, me quemaré en el infierno si ese es el precio por más noches de lujuria, más falsos besos y poco respeto. ¡Demuéstrame que existen! Que no son leyendas y que hay placer de sobra.
Y cuando no me queden más lágrimas que regalarte, dame amor y un cachito de la luna. Envuélveme en ternura.