miércoles, 30 de septiembre de 2015

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Mi cuerpo se convirtió en mi cárcel y el tuyo en la llave que cerraba mi celda, porque no sabías qué hacer para abrirla.

El sexo dejó de ser bonito y pasó a convertirse en lo más evitable, aquello de lo que huir. Dejó de ser una conexión de almas y pasó a ser aquello que me anulaba como persona.

Pero no fui capaz de negarme a ello. Te quería y estaba dispuesta a lo que fuera por tenerte cerca, dispuesta a encerrarme en mi misma para siempre, pero a tu lado.

Y así fue, tú siendo tú y yo siendo quién tú querías que fuera.