jueves, 6 de junio de 2013

Tonterías de adolescentes.


Mi cuerpo está lleno de euforia, río sin motivo y desesperadament­e, tiemblo, no puedo dejar de mirar a todos lados y a ninguno a la vez. Me siento feliz, pero se que después de este eufórico momento volveré a estar terriblemente triste, apagada, "preocupada". Se que no te voy a volver a ver y eso me enloquece, me reconcome por dentro, me hunde.

Una persona a la que me he acostumbrado durante un año, un largo y duro año, va a desaparecer para irse a un lugar cuyo nombre desconozco. Se que te vas a ir, se que va a ser por mucho tiempo, se que hoy tenía la última oportunidad y no la aproveché, pero lo que más claro tengo es que por mucho que quiera y por muchas ganas que tenga no me atrevo a decirte nada, ni a saludarte, ni a despedirme de ti a pesar de no concerte, ni a desearte suerte en la vida y en los estudios. Lo único que hago es caso a la razón contradiciendo al corazón, un corazón enamorado y una estúpida y condicionada razón.

Y es que vivimos condicionados por la sociedad, atados a unos raíles que debemos seguir y de los cuales no nos podemos salir; y es por eso que, aun estando frente a ti, no me atrevo a decirte nada, tan solo me limito a mirarte e intento leer lo que quieren decir tus ojos, unos ojos cuya mirada desconozco, que no entiendo; unos ojos que busco diariamente porque forman parte de mi rutina tanto como el levantarme cada mañana o el ir al colegio.

Te vas a ir y no hay otra, pero antes de que eso pase te espero en el sueño de siempre, no llegues tarde.

Miradas que lo dicen todo y nada.



Ahora te miro, ahora me miras tú y yo dejo de hacerlo, ahora te miro y tú dejas de hacerlo, ahora no te miro, ahora si, ahora no...
Y con la tontería se ha hecho junio, ¡junio! Seis meses haciendo los tontos, ¡y tan tontos! ¿A qué esperamos? Ciertamente no lo sé. Yo no me atrevo y tú tampoco, tengo la oportunidad y me evitas, tienes la oportunidad y te evito. Como dos niños pequeños, dos niños que disfrutan de hacer tonterías pero que no dejan escapar ninguna oportunidad, ninguna mirada.

Somos dos enamorados que no se conocen... ¡espera! ¿es eso posible? ¡Bah, y qué más da! Nos lo pasamos bien aguantando hasta el último momento antes de que el uno descubra que el otro le está mirando, y si nos descubrimos ¿qué mejor que aguantar la mirada? Una mirada que lo dice todo y nada a la vez.

Pero bueno, ya no somos críos, este juego mola pero debe acabar de una vez por todas con un "hola" para que podamos inventar otro mucho mejor que empiece igual que como acaba el otro, con un "hola". No creo que esté exigiendo mucho, no se trata de nada más que de intercambiar cuatro letras cada vez que nos veamos, aunque pensándolo bien, no hay nada mejor que mirarte a los ojos, intercambiar miradas e intentar leerte el pensamiento sin decir palabra, ¿o si?

No tengo ni idea, pero antes de que eso pase te espero en el sueño de siempre, no llegues tarde.

Un mundo mejor a base de pequeños detalles.


Todos queremos cambiar el mundo o que el mundo cambie, queremos conseguir un mundo de solidaridad, igualdad, con los mismos derechos; un mundo en el cual todos nos llevemos bien y reine la paz. Un mundo armonioso lleno de sonrisas y de gente feliz. Un mundo en el que, a pesar de los pequeños problemas que nos surgen durante la vida y el día a día, las personas sepan apreciar las pequeñas cosas, disfrutarlas a lo grande y quedarse con recuerdos enormes. Un mundo lleno de amor, todo tipo de amor. Un mundo con banda sonora y un final feliz. Pero a pesar de desear todas estas grandes cosas son pocos los que hacen algo para cambiar el mundo. Mi teoría es que si queremos cambiar el mundo debemos empezar cambiando de nuestro pequeño mundo lo que no nos gusta. ¿Cómo vamos a arreglar un gran mundo sin ni siquiera dominar el nuestro? No hace falta realizar un gran proyecto o hacer las cosas a lo grande, basta con los pequeños detalles del día a día, esos detalles que alegran el día a una, dos, tres personas y de este modo estas personas a otras y formar así una cadena sin darnos cuenta. Estas son cosas tan simples como saludar o sonreír a aquella persona con la que intercambias miradas cada mañana pero a la que nunca le dices nada, darle propina a aquel vagabundo con el que te cruzas cada día al volver del cole, hacerles saber a las personas a las que quieres lo que sientes por ellas, decirle a tu madre que la comida le ha salida muy buena y darle un beso, ayudar a quién lo necesita sin que nos lo pidan…. Son muchas y pequeñas las cosas que pueden hacer de este mundo un mundo mejor y lleno de felicidad.

Es obvio que es muy difícil, por no decir casi imposible, cambiar el mundo de forma que esté a gusto de todos, siempre habrá algo que no nos gustará o con lo que no estemos de acuerdo, pero eso no significa que el mundo en el que vivimos sea un mundo de mierda, sino al contrario, se trata de un mundo lleno de errores distribuidos de forma estratégica para que nos tropecemos con ellos diariamente y hagamos algo, aportemos nuestro granito de arena, para cambiar ese aspecto que nos desagrada y lo convirtamos en una virtud más de este maravilloso mundo.

Disfrutemos del mundo en el que vivimos, compartámoslo y preparémoselo a las generaciones que nos siguen para que sigan nuestro ejemplo y, así, con el paso de los siglos, lleguemos a alcanzar una utopía jamás imaginada por el ser humano.
¡Vivamos a lo grande!



Personas.


Hay personas que entran en nuestra vida para enseñarnos algo, dejar un recuerdo e irse; pero también hay otras que entran para quedarse, para enseñarnos el bien y el mal, reírse de lo bueno y de lo malo, para enseñarnos que el mundo gira y unas veces caes de frente y otras de espaldas, pero que lo importante es levantarse y aprender como has caído para no volver a hacerlo. Entran para echarnos en cara nuestros defectos sin olvidar nunca nuestras virtudes, para enseñarnos que la vida no es un chiste, pero que aun así tenemos que reírnos de ella.

 Son personas que nos enseñan a llevar la cabeza alta y no avergonzarnos de nada, que a quien no le guste, que no mire. Son personas que nos enseñan a soñar y nos ayudan a realizar nuestros sueños. Personas que por mucho que les hagamos enfadar o descarguemos nuestro genio con ellas, nos perdonan. Personas a las que les basta una mirada para entendernos y saber como nos sentimos, personas que hacen que te sientas especial y afortunada solo por estar con ellas. Personas que hacen que el volumen de tu risa aumente proporcionalmente a la seriedad de la situación en la que estés. Personas que creen que aburrirse es sinónimo de putear al prójimo. Personas que te enseñan a asumir los errores y a superar las tristezas. Son personas que te acompañan en tus momentos de idiotez sin alejarse y fingir que no te conocen. Personas que te enseñan que si has errado no es porque seas tonto, si no porque tuviste el valor de intentarlo.

 Son personas que tienen asumido que el orgullo no engorda y por eso hay veces que se lo tragan solo por hacernos felices. Personas que cuando piensas "no puedo más" te dicen "¡ahora o nunca!". Te enseñan que rendirte nunca fue una opción, y que solo es imposible aquello que no te propones.

 Son personas a las que si les pides un vaso de agua estando en su casa, te responden: "no jodas, ya sabes donde está la cocina, anda y sírvete tu solo". Personas que pocas veces nos dicen lo mucho que nos quieren porque prefieren demostrárnoslo. Personas que te enseñan a llamarlo experiencia y no daño, a diferenciar el "vivir" de "no estar muerto". Son personas que tienen un radar para detectar cuando necesitas una sonrisa, porque es la única curva de nuestro cuerpo que les interesa.

 Estas son personas fantásticas y hay pocas en el mundo, así que te aconsejo que si algún día la vida te da la suerte de conocer a una de estas, no la dejes escapar y te ganes todo su cariño y respeto. Porque hay gente grande y luego van los enormes.

Ranas disfrazadas de princesas.



¿Por qué existen las segundas veces? ¿Las segundas casualidades? ¿Las segundas oportunidades? A veces no significan más que volver a equivocarse, volver a sufrir, volver a lo mismo de siempre. Cuando la primera vez termina te prometes no volver a cometer ese error, a no volver a caer en el amor, pero si este vuelve te olvidas de todo el sufrimiento por el que habías pasado, de todo el daño que has sufrido, de lo mucho que te arrepentiste, y sin pensarlo dos veces, te lanzas a la piscina para empezar de cero, pensando que esta vez será diferente, pensando que todo será perfecto, y sobre todo, que esa persona ha cambiado y que, definitivamente, esta vez es para siempre. Y mientras te ves envuelta en un mundo de color rosa, en el que todo son sonrisas y felicidad, la piscina se vacía de agua y caes en lo más profundo de ella, te das cuenta de que nada había cambiado, que esa persona seguía siendo igual, y mientras escuchas música melancólica y te secas las lágrimas, caes en la cuenta de que estabas enamorada de los recuerdos de la primera vez y no de la persona.

Los príncipes están llenos de cuentos, pero yo no quiero príncipe, ni un cuento, ni un amor de película, ni una vida perfecta, lo que yo quiero es un Jack Sparrow, una historia que contenga baches para poder superarlos junto con mi medio limón, una vida llena de objetivos y metas que conseguir, quiero una vida llena de aventuras y de sorpresas. No quiero vivir en un palacio lleno de rosas, sino recorrer España en moto. No quiero tener que casarme para ser plenamente feliz junto a la persona a la que amo. No quiero a alguien que cada vez que me cuelgue el teléfono me diga que me quiere, prefiero a alguien que me lo demuestre con las pequeñas cosas del día a día. Alguien que en lugar de traerme el desayuno a la cama, me quite las sábanas y me diga: "Hoy te toca a ti, princesa." No quiero a alguien que me pregunte que es lo que me gustaría hacer, sino que improvise y me haga hacer cosas que jamás se me hubiera ocurrido. Alguien con quién conocer mundo, y alguien que jamás me pregunte como estoy, simplemente me mire a los ojos, sonría, me guiñe un ojo, me coja de la mano y me diga: "Es un nuevo día fea, ayer es el pasado, mañana es el futuro, pero hoy es el presente, vamos a aprovecharlo que jamás se repetirá." No quiero una primera cita en un restaurante caro y lujoso, prefiero que sea improvisada y acabemos en una Mac Donal's comiendo una hamburguesa y unas patatas de una euro.

No quiero a alguien a quién le guste en vestido y tacones, quiero a alguien que habiéndome visto en pijama, vestida en ropa de calle, con uniforme, vestida de gala o de domingo, maquillada, sin maquillar, llorando, sonriendo, enfadada, durmiendo y recién levantada, me vea siempre igual de hermosa. No quiero a alguien que quiera cambiar mi vida, sino completarla. Quiero a alguien a quién mi pasado le de igual y quiera compartir un presente con migo para construir un futuro hermoso y lleno de pequeñas alegrías junto a mí. 

Y es que he llegado a la conclusión de que no todas las princesas tenemos príncipes, ni que besando sapos encontraremos a nuestra media naranja, porque somos ácidas como los limones, y que si nos besan, nos convertimos en ranas. Así que alza la cabeza que se te va a caer la corona, deja de maquillarte y empieza a sonreír que es lo único que te embellece, y ponte tacones para que tus pasos se oigan porque hoy, te comes el mundo.

Miradas de otro mundo.



Miradas que lo dicen todo y nada a la vez. Ese nada que te crea dudas y esas dudas que se apoyan en la razón en lugar de en el corazón. Un corazón atontado y enamorado. Una enamorada atontada y una atontada que pierde las oportunidades que se le presentan día a día. Y día a día el tiempo se acaba y si se acaba se acabaron las mirada, las dudas desaparecen y la razón es sustituida por la melancolía del corazón; un corazón roto por dentro y lleno de tristeza.
El amor se desvanece y despiertas del sueño de tu mundo, un mundo donde los días no son nublados.