jueves, 6 de junio de 2013

Ranas disfrazadas de princesas.



¿Por qué existen las segundas veces? ¿Las segundas casualidades? ¿Las segundas oportunidades? A veces no significan más que volver a equivocarse, volver a sufrir, volver a lo mismo de siempre. Cuando la primera vez termina te prometes no volver a cometer ese error, a no volver a caer en el amor, pero si este vuelve te olvidas de todo el sufrimiento por el que habías pasado, de todo el daño que has sufrido, de lo mucho que te arrepentiste, y sin pensarlo dos veces, te lanzas a la piscina para empezar de cero, pensando que esta vez será diferente, pensando que todo será perfecto, y sobre todo, que esa persona ha cambiado y que, definitivamente, esta vez es para siempre. Y mientras te ves envuelta en un mundo de color rosa, en el que todo son sonrisas y felicidad, la piscina se vacía de agua y caes en lo más profundo de ella, te das cuenta de que nada había cambiado, que esa persona seguía siendo igual, y mientras escuchas música melancólica y te secas las lágrimas, caes en la cuenta de que estabas enamorada de los recuerdos de la primera vez y no de la persona.

Los príncipes están llenos de cuentos, pero yo no quiero príncipe, ni un cuento, ni un amor de película, ni una vida perfecta, lo que yo quiero es un Jack Sparrow, una historia que contenga baches para poder superarlos junto con mi medio limón, una vida llena de objetivos y metas que conseguir, quiero una vida llena de aventuras y de sorpresas. No quiero vivir en un palacio lleno de rosas, sino recorrer España en moto. No quiero tener que casarme para ser plenamente feliz junto a la persona a la que amo. No quiero a alguien que cada vez que me cuelgue el teléfono me diga que me quiere, prefiero a alguien que me lo demuestre con las pequeñas cosas del día a día. Alguien que en lugar de traerme el desayuno a la cama, me quite las sábanas y me diga: "Hoy te toca a ti, princesa." No quiero a alguien que me pregunte que es lo que me gustaría hacer, sino que improvise y me haga hacer cosas que jamás se me hubiera ocurrido. Alguien con quién conocer mundo, y alguien que jamás me pregunte como estoy, simplemente me mire a los ojos, sonría, me guiñe un ojo, me coja de la mano y me diga: "Es un nuevo día fea, ayer es el pasado, mañana es el futuro, pero hoy es el presente, vamos a aprovecharlo que jamás se repetirá." No quiero una primera cita en un restaurante caro y lujoso, prefiero que sea improvisada y acabemos en una Mac Donal's comiendo una hamburguesa y unas patatas de una euro.

No quiero a alguien a quién le guste en vestido y tacones, quiero a alguien que habiéndome visto en pijama, vestida en ropa de calle, con uniforme, vestida de gala o de domingo, maquillada, sin maquillar, llorando, sonriendo, enfadada, durmiendo y recién levantada, me vea siempre igual de hermosa. No quiero a alguien que quiera cambiar mi vida, sino completarla. Quiero a alguien a quién mi pasado le de igual y quiera compartir un presente con migo para construir un futuro hermoso y lleno de pequeñas alegrías junto a mí. 

Y es que he llegado a la conclusión de que no todas las princesas tenemos príncipes, ni que besando sapos encontraremos a nuestra media naranja, porque somos ácidas como los limones, y que si nos besan, nos convertimos en ranas. Así que alza la cabeza que se te va a caer la corona, deja de maquillarte y empieza a sonreír que es lo único que te embellece, y ponte tacones para que tus pasos se oigan porque hoy, te comes el mundo.