miércoles, 26 de junio de 2013

Todo y nada es lo que nos hace felices.



Me siento feliz por nada. Tengo el cuerpo lleno de alegría, al fin me he dado cuenta de que son más los motivos para sonreír que para llorar, para ser feliz que para estar triste. Y es que a pesar de que haya perdido, a la vez he ganado. He ganado la llave que me abrirá miles de puertas que me llevarán a millones de caminos que me darán la posibilidad de equivocarme para no volver a hacerlo, que me enseñará el camino del amor, que me enseñará a no prejuzgar y a juzgar desde mi propio criterio.

He aprendido a diferenciar entre los que me quieren de verdad y los que me quieren por interés, entre los que son falsos y los que no, entre los amigos que serán para siempre aunque no estén físicamente junto a ti y los que pasarán por mi vida como los días, que simplemente dejarán en mí un poco de sí y se llevarán un poco de mí.

Me he dado cuenta de que al ayudar a los demás y al preocuparme por ellos me siento tan feliz que no necesito nada más que ver su sonrisa. He descubierto que ayudar y amar son unas de las mejores sensaciones que puede experimentar el ser humano. Querer lo que uno tiene y saber disfrutar de las más pequeñas e insignificantes cosas son lo que nos hace crecer como personas. Tener a alguien con quién poder contar siempre es lo que nos llena de alegría y nos hace ver la vida de otro modo y lo que nos aporta felicidad. Y querernos a nosotros mismos, aceptarnos y valorarnos es lo que nos hace felices.

Al fin, después de tanto tiempo mi cuerpo desprende alegría, satisfacción, ganas de aprender, motivación, júbilo, etc.
Y es que no se necesita mucho para ser feliz. Lo único que necesitamos es amor, valor, coraje y ganas de comernos el mundo día tras día.

martes, 25 de junio de 2013

En búsqueda de la felicidad.



Ser feliz, ¿qué hay que hacer para ser feliz?

En mi opinión ser feliz es llorar, robar, matar, alejarse de las personas, errar, caerse..., es llorar de alegría, robar sonrisas y corazones, matar las tristezas, alejarse de las personas que nos dificultan el día a día y nos desean lo peor, errar aprendiendo de nuestros errores, y caerse aprendiendo que lo que cuenta es levantarse y no volver a tropezar con la misma piedra.

Si quieres ser feliz quiere a quien te quiere y sobre todo a quien te cueste querer porque es quién más necesita amor, perdona a los que te dañan, sin olvidar lo sucedido y sonríe a tus enemigos. Sonríe sin motivo porque el único motivo es verte sonreír. Diviértete y tómate un tiempo para ti mismo, lee un libro, escucha música, canta como si nadie te oyese y baila como si nadie te mirase. Abre tu corazón para que te lo tomen con amor. No tengas normas, simplemente experiencias aprendidas en la vida. Dedica parte de tu tiempo a pasarlo con las personas que más amas y hazles saber lo importantes que son para ti. Envuelve tu cuerpo de adrenalina una vez por semana. Haz deportes de riesgo y búscate un hobbies. Tómate un café con tus amigas. Nada en invierno y corre en verano. Autorrealízate, ponte metas y no dejes que nada se interponga entre tu objetivo y tú. Entrena tu mente cada día y párate a pensar quién eres y qué buscas en la vida. Disfruta de cada día con la ilusión de un niño y la prudencia de un anciano. No hables del pasado regodeándote, vive el presente, recuerda que cada momento es único y no hay instantes vacíos, siempre están ocurriendo cosas. Y cuando por fin logres vivir el presente te sorprenderá todo lo que puedes hacer y lo bien que lo haces.

La vida es un viaje sin destino con un único objetivo: LA FELICIDAD.

Hasta que amanezca.


Sentir el mar en una mirada, la brisa de la primavera en un escalofrío, la puesta del sol en tus ojos, el sabor del verano en tus labios. Mi sonrisa por la tuya, hoy por mí y mañana por ti. Conversaciones que creen no terminar nunca. Nervios y temblores esperando verte. Llamadas que nunca serán hechas. La aceleración de mi corazón al recordarte, una uña menos por pensarte y un recuerdo más al imaginarte. Pensar en cosas que nunca pasarán: encontrarte de frente y que me beses. Ponerme guapa para ti aunque hoy no vaya a verte. Pensar "te quiero" cuando hablo, y decir "te odio" al pensarlo. Fundirme en el sabor de tus besos, desaparecer entre la multitud. Escapar a un lugar donde solo el amor pueda encontrarnos. Proponernos cosas que jamás cumpliremos, como el amarnos eternamente. Decir "para siempre" pero que eso solo sea hasta que se vaya el sol de tus ojos, hasta que deje de sentir el mar en una mirada y la brisa de la primavera en un escalofrío, hasta que tus labios no me sepan a verano. Hasta que tú te vayas porque yo te eche.
¿Empezamos ya?


¡Cambiemos lo que no nos gusta!


¡Que superficial es la gente!

Vivimos en una sociedad que no nos deja ver más allá de un par de tetas y la piel. Nos han enseñado a mirar las ropas y el peinado, no los ojos y las sonrisas; o tal vez si que nos hayan enseñado pero no hacemos caso por el simple hecho de que vivimos condicionados por la sociedad. Nos han implantado la moda que debemos seguir, los alimentos que debemos tomar y las dietas que debemos hacer, la forma de vestirnos, como debemos comportarnos, como debemos peinarnos y vestir para cada situación, y ya por colmo nos están formando el camino a través del cual decidiremos a quién y a quién no debemos amar o quién nos puede gustar y quién no.
Y lo peor de todo esto es que nos dejamos llevar e influir por la sociedad. Pero no solo nos dejamos influir por la sociedad en estos aspectos, sino que además cambiamos nuestra forma de ser para ser elegidos por los demás y para encajar en según que grupos sociales.

Estoy segurísima de que si nos parásemos un minuto a pensar y nos diésemos tiempo a nosotros mismos, sin nada a nuestro alrededor que pueda distraernos, no nos conoceríamos; de hecho creo que ni siquiera nos gustaríamos a nosotros mismos , no nos gustaría ver en lo que nos hemos convertido.

¿Qué se ha hecho de los niños que éramos hace diez años? ¿Dónde están esos pequeños inocentes? Pequeños inocentes que no miraban la marca de los pantalones, ni el peinado, ni el color de los ojos, ni nuestra posición social; pequeños inocentes que miraban lo que había dentro de cada persona que les rodeaba y les amaba por cómo eran por dentro.


La vida, el arte de dibujar sin borrar.


Cuando volví a ver esa fina, blanca y tierna cara, que hacía tanto tiempo que no veía, recordé como sonreía y como miraba; y cuando me abrazó caí en la cuenta de que una amistad es más fuerte que el tiempo y la distancia, pero cada cual diferente la una de la otra. Por un momento el tiempo se paró e hizo que me diese cuenta de que la espinita que en su día me clavó en el corazoncito sigue allí, ahora pincha menos, pero permanece, y deseé que siguiese estando por mucho tiempo, más del que había pasado.
Fue una velada tranquila y agradable, diferente a la última. Pasó horas contando batallitas, y cada palabra que salía de su boca hacía que una tímida lágrima se asomase a mi corazón. Eran lágrimas de alegría y tristeza a la vez; de alegría porque me hacía feliz verle feliz y estar con él; y de tristeza porque me di cuenta de todo el tiempo que dejé pasar antes de volver a verle y me arrepentí de ello y más.
Pero fue entonces cuando comprendí que la vida y lo que nos define son esos destellos, esos momentos impactantes que ponen patas arriba nuestras vidas. Y es que cada uno de nosotros somos la suma de todos esos momentos que hemos experimentado con todas las personas que hemos conocido y que cada persona que pasa por nuestra vida es única porque siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.
Comprendí también que somos un momento de amor total, físico, mental y de cualquier otro tipo de amor.
Y cuando me soltó me pregunté qué pasaría si algún día no recordamos ninguno de esos momentos.