¡Que superficial es la gente!
Vivimos en una sociedad que no nos deja ver más allá de un par de tetas y la piel. Nos han enseñado a mirar las ropas y el peinado, no los ojos y las sonrisas; o tal vez si que nos hayan enseñado pero no hacemos caso por el simple hecho de que vivimos condicionados por la sociedad. Nos han implantado la moda que debemos seguir, los alimentos que debemos tomar y las dietas que debemos hacer, la forma de vestirnos, como debemos comportarnos, como debemos peinarnos y vestir para cada situación, y ya por colmo nos están formando el camino a través del cual decidiremos a quién y a quién no debemos amar o quién nos puede gustar y quién no.
Y lo peor de todo esto es que nos dejamos llevar e influir por la sociedad. Pero no solo nos dejamos influir por la sociedad en estos aspectos, sino que además cambiamos nuestra forma de ser para ser elegidos por los demás y para encajar en según que grupos sociales.
Estoy segurísima de que si nos parásemos un minuto a pensar y nos diésemos tiempo a nosotros mismos, sin nada a nuestro alrededor que pueda distraernos, no nos conoceríamos; de hecho creo que ni siquiera nos gustaríamos a nosotros mismos , no nos gustaría ver en lo que nos hemos convertido.
¿Qué se ha hecho de los niños que éramos hace diez años? ¿Dónde están esos pequeños inocentes? Pequeños inocentes que no miraban la marca de los pantalones, ni el peinado, ni el color de los ojos, ni nuestra posición social; pequeños inocentes que miraban lo que había dentro de cada persona que les rodeaba y les amaba por cómo eran por dentro.