martes, 17 de marzo de 2015

Déjame.


Déjame decírtelo: eres diferente, lo que nadie busca pero todos quieren.
Déjame explicarte qué es lo que te hace especial.

Déjame ser Caín, déjame robarte el alma con una caricia y desalentarte con un dulce beso.
Déjame quererte entre sábanas mojadas, entre caricias, lágrimas y pelos de punta.
Déjame enseñarte qué es amar.

Besos, mordiscos, piel de gallina, uñas, cuerpos, almas... labios que sonríen y se besan, labios que pronuncian palabras mágicas y manos que bordan nuevas ánimas.

Déjame ser, contigo o sin ti, pero déjame


domingo, 15 de marzo de 2015



Alguien me dijo que no es casual; que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida; nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos, fuimos del mismo clan.

Pasan las décadas y, al volver a recorrer los ríos, esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de "un fuego", nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas ... que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de "vente el sábado" porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse.

Las de adultas, a veces, para acoger en nuestras almas, a una con desesperanza en los ojos; y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.


El futuro en un tiempo no existía.
Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada; y sin embargo, detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y, en el mejor de los casos, nos dejamos cuidar.
Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos ... o no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar, la fuerza para seguir.
Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.


Entonces, los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos; que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos.

Hoy somos todas, espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.
Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor "del fuego" que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.


Simone Seija Paseyro (escritora uruguaya) 







Y pensar que es el fin cuando en realidad es un nuevo comienzo.
Y creer que no puedes más cuando realmente te sobran fuerzas para volver a nacer.




Miedo al roce, al contacto. No me toques, me llora el corazón.

No pido comprensión, amor o cariño, sino respeto.
No me sorteo por palabras, sino por lo que hagas o no.

Desnúdame despacio, tengo dos vidas para darte; pero gánatelas.
Altérame las emociones, pero que tu voz no me destroce. Trátalas suavemente.

No pido tu lealtad, pero sí sinceridad.

Mírame a los ojos y muéstrate. Déjame descubrirte, no te enmascares, o sí, pero no me ilusiones. Que de ilusiones se vive, pero no feliz.
Déjame conocerte y prometo entregarme.

Haz que te muestre mi más sincera sonrisa y déjame llorar ante tí.
Simplemente, seamos quienes somos en diferentes mundos que...¿Quién sabe si algún día se juntan?

Att: la que cada noche te inventa.





El humor y la aceptación son las llaves de la puerta a la felicidad.



Con el cigarrillo entre los dedos, le doy una calada al amor mientras sonrío. Esa sonrisa que no tengo, pero que tú eres capaz de crearme. Con esa sonrisa, con esa es con la que quiero que te enamores.

Déjame beber de tus labios, gemir tu nombre y memorizar tu cuerpo. Luego, vísteme.
Ni besos, ni abrazos ni miradas hacia atrás. Simplemente, me iré, alejándome, dejándote atrás, como todo lo que pasa por mi vida sin marcarla, como todo lo que me atrae pero no me importa.

Con la diferencia de que, esta vez, sí me importa, si me importas.