Por un beso.
Solo un beso, nada más que un beso. Pero de esos de verdad, de los que han crecido en el alma y han despegado en los labios con la energía del amor, para aterrizar en alguna parte de mi cuerpo.
Tal vez, pida también una caricia, en concreto esa que viene de manos rasposas y maduras, pero que no arañan por mucha sequedad que haya acumulada en ellas. Caricias con las que vuelves a sentir amor.
Ya puestos, abrázame. Abrázame como si quisieras asfixiarme, que eso me hará revivir.
Dime que me quieres si es eso lo que sientes, si no lo es, simplemente, sonríeme, yo deduciré el resto.
En el fondo lo que pido, lo que quiero, es sentir que el amor no es cosa del pasado, que no ha caducado, que los cuerpos siguen teniendo alma y que los sentidos son conductores del amor.