Mi cuerpo se convirtió en mi cárcel y el tuyo en la llave que cerraba mi celda, porque no sabías qué hacer para abrirla.
El sexo dejó de ser bonito y pasó a convertirse en lo más evitable,
aquello de lo que huir. Dejó de ser una conexión de almas y pasó a ser
aquello que me anulaba como persona.
Pero no fui capaz de negarme
a ello. Te quería y estaba dispuesta a lo que fuera por tenerte cerca,
dispuesta a encerrarme en mi misma para siempre, pero a tu lado.
Y así fue, tú siendo tú y yo siendo quién tú querías que fuera.