Querido amor mío,
Des de que el cáncer me venció i nos
separó te vigilo cada día des de aquí arriba. ¿Y sabes qué? Es el olor de tu
café el que me sigue despertando cada madrugada. Es aquí donde empieza mi día,
con tu café, que aunque lo huela des del cielo, las sensaciones que experimento
siguen siendo las mismas.
Miro como te embotonas la camisa y como
te atas los zapatos, como lo hacías cada mañana que estábamos juntos. Pero no
eres el de siempre, lo sé, lo he visto en tus ojos, en tus lágrimas. No llores
más, por favor.
Te contaré un secreto que me ha contado
mi abuela. Cada lágrima que derramas por mí y cada suspiro que te vacía el
alma, es una pluma que crece en mis alas. Y será el día que derrames la última lágrima,
el día que te acabes de vaciar con un último suspiro, el día que me crezca la
última pluma, el día que me convierta en ángel, cuando empezarás de cero,
cuando reharás tu vida, cuando puedas volver a conocer a alguien y puedas
volver a enamorarte.
Así que, por favor, no llores más.
Estoy bien, te lo prometo. Me he liberado del horrible sufrimiento que nos
hacía malvivir, así que no sufras por mí.
Te espero en el cielo, entre nubes y
flor de sauco. No tengas prisa.
Atentamente,
tu ángel.