martes, 14 de abril de 2015

Noches de esas.


Hablemos de lujuria, de placer, de noches de pasión, noches desenfrenadas.
Hablemos de latidos y gemidos, de besos compartidos. De risas saturadas. De sábanas sucias y piel sudorosa.
Hablemos de tímidos rayos asomándose a la persiana, de bostezos seguidos de caricias. Hablemos de aquella noche que acabó en un rojo y cansado amanecer.

Vuelve a acariciarme, a repasar mis labios con tus dedos y a subrayar mi cuerpo con tus manos. Volvamos a sentirnos, a gritarnos, agitarnos y abrazarnos. Volvamos a mostrarnos qué es placer y qué lo diferencia del amor.
Arráncame la ropa y arrincóname. Confúndeme, quiero sentirme indefensa y vulnerable ante tu depredadora mirada; quiero gozar el miedo a tu roce y sentir tu aliento en mi piel.

Bendita lujuria disfrazada de cariño, amor, afecto, admiración o como carajos se diga.
Bendita la obsesión que me hará volver a ti sin pensar y maldita yo, que volveré.
Maldito gañán, me engatusaste. Ni que existiera la posibilidad de que llegues a querer. ¿En qué estaría pensando? ¿En amor? Estúpida juventud...

Empáñame los cristales sin escribir en ellos falsas promesas, dibújales huellas y arañazos. Prometo no desnudar mi alma, me quitaré la ropa, dejando al descubierto lo que a la vista alcanza.

Diablo vestido de ángel, me quemaré en el infierno si ese es el precio por más noches de lujuria, más falsos besos y poco respeto. ¡Demuéstrame que existen! Que no son leyendas y que hay placer de sobra.
Y cuando no me queden más lágrimas que regalarte, dame amor y un cachito de la luna. Envuélveme en ternura.