Hablemos de lujuria, de placer, de noches de pasión, noches
desenfrenadas.
Hablemos de latidos y gemidos, de besos compartidos. De
risas saturadas. De sábanas sucias y piel sudorosa.
Hablemos de tímidos rayos asomándose a la persiana, de
bostezos seguidos de caricias. Hablemos de aquella noche que acabó en un rojo y
cansado amanecer.
Vuelve a acariciarme, a repasar mis labios con tus dedos y a
subrayar mi cuerpo con tus manos. Volvamos a sentirnos, a gritarnos, agitarnos
y abrazarnos. Volvamos a mostrarnos qué es placer y qué lo diferencia del amor.
Arráncame la ropa y arrincóname. Confúndeme, quiero sentirme
indefensa y vulnerable ante tu depredadora mirada; quiero gozar el miedo a tu
roce y sentir tu aliento en mi piel.
Bendita lujuria disfrazada de cariño, amor, afecto,
admiración o como carajos se diga.
Bendita la obsesión que me hará volver a ti sin pensar y
maldita yo, que volveré.
Maldito gañán, me engatusaste. Ni que existiera la
posibilidad de que llegues a querer. ¿En qué estaría pensando? ¿En amor?
Estúpida juventud...
Empáñame los cristales sin escribir en ellos falsas
promesas, dibújales huellas y arañazos. Prometo no desnudar mi alma, me quitaré
la ropa, dejando al descubierto lo que a la vista alcanza.
Diablo vestido de ángel, me quemaré en el infierno si ese es
el precio por más noches de lujuria, más falsos besos y poco respeto.
¡Demuéstrame que existen! Que no son leyendas y que hay placer de sobra.
Y cuando no me queden más lágrimas que regalarte, dame amor
y un cachito de la luna. Envuélveme en ternura.