Quizás no era amor, tal vez era esa pequeña necesidad de sentir algo diferente. Algo que marcara mi vida por un momento. Pero ese momento se marcó un largo viaje por mi vida que no me permitió olvidarte. Tal vez porque estuviera enamorada de la posibilidad de estar enamorada y no de estarlo realmente. Tal vez porque te quise más de lo que tocaba y confundí amor con calor. Tal vez, simplemente, necesitaba tener la mente ocupada o, tal vez, aunque puede que sea lo más probable, estuviera enamorada de tí. Pero no enamorada como lo están los amantes, no, sino enamorada como los locos que roban miradas a los desconocidos camino a la rutina cada mañana. Tal vez significaste mucho para mí o, tal vez, jamás significaste nada y todo fuera producto de mi imaginación. Tal vez solo necesitaba marcar mi vida por un momento, momento que transformó mi destino y forma de amar.
Y con esta declaración de... de algo que no es amor, sino añoranza, me despido para siempre. Pues ahora que ya no escondo secretos en lo más hondo de mi corazón, ahora que ya sabes que fuiste mi compañero de sueños durante largas noches y mi musa de breves poemas; ahora que me he descubierto, ya no volveré a escribirte, pues tu recuerdo descansa en paz en lo más profundo de mis pensamientos. Y, es que, en verdad, hay sentimientos que es mejor que se queden en lo platónico; y es mejor recordarlos así, irreales, inacabados, porque es lo que los hace perfectos.
Citó Bukowski que hay que morir unas cuantas veces antes de poder vivir de verdad. Y a tí te agradezco que, a mis diecisesi años, me matases de dolor, porque fue la primera vez que morí. Mi segundo paso a la vida.
Besos de quien te inventó en su imaginación y para quien aún existes, Alicia.