viernes, 26 de septiembre de 2014

Carta a los recuerdos y la añoranza.


Es cierto aquello que oí sobre los recuerdos, aquello de que cuando te invaden te pierdes. ¡Y cuan bonito es perderse!
Perderse entre recuerdos, emociones, amores, entre lágrimas y sonrisas...

Si algún día en recuerdo me convirtiera, quisiera ser ese tipo de recuerdo que no invade, sino que acompaña. De ese que acompaña en lo bueno y en lo malo, como quien dice, en la salud y en la enfermedad.

Es cierto eso que oí de que el amor duele, pero también eso de que el amor cura. Cura heridas superficiales y profundas, cura daños, cura miedos y decepciones. Pero sobre todo, el amor, cura al amor.

Querer duele, pero es lo único que fortalece el alma. Querer duele, pero sana corazones.
¡Enamórate!
Enamórate de la vida, de las grandes decepciones y las pequeñas alegrías.

No temas a exponer tu corazón, sino jamás te lo romperán y, si no te lo rompen, jamás sabrás lo que es revivir.

Ama y déjate amar. Pero nunca, bajo ninguna locura, amaes sin haberte encontrado antes a tí mismo.