Estimado tú,
Quería contarte que he encontrado compañero de cama y de
vida, de vez en cuando.
Pero me sigues faltando, me sigue faltando el sabor de tus
besos; es inigualable a cualquier otro sabor, y te añoro.
No sé ahora mismo dónde estás, ni cuando leerás esto, pero
el radiador no me da el necesario calor ni mi armario tiene abrigos suficientes
para calmar este frío, para sobrevivir a este invierno. No. Te necesito a ti,
aquí, a mi lado. Acariciándome, Sonriéndome, Jugando con mi pelo, Abrazado a
mí. O incluso distante, mirándome desde la otra punta de la habitación,
mientras yo miro por la ventana y tú finges leer.
Necesito que vengas a hacerme el amor con tu mirada y a que
me levantes la falda con tu imaginación. A que fundas tus manos en mi cuerpo y
hagas arder mis labios con tus besos. Necesito que, con tu extrema delicadeza y
tu brutal pretensión, entres en mí tantas veces como sea necesario para que tiembles,
para que te conviertas en la sabia que recorre mis piernas.
Regresa. Regresa a darme amor, vuelve a hacer que sienta lo
que sentía teniéndote a mi vera. Vuelve a mirar como duermo, como sonrío y como
frunzo el ceño entre confusiones. Vuelve a darme la mano mientras recorremos la
orilla del mar. Vuelve a taparme los ojos y a mostrarme la luna como si la
hubieras dispuesto tú allí para regalármela. Vuelve a escribir mi nombre en el
cielo.
Prometo amarte eternamente, pero vuelve, haz que vuelva a
sentir.