Cierro los ojos y siento que el amor se consume. Abro el corazón y me siento más libre que nunca. Te miro, sonríes y me siento afortunada por poder ver tu sonrisa. Te sonrío y mientras me devuelves la sonrisa una tímida lágrima abandona mis ojos para navegar por mis mejillas y amarrarse en la comisura de mis labios. Soy feliz porque tú también lo eres. Si ríes rio, si lloras te sonrío para hacerte saber que no estás solo, si te sientes perdido me pierdo contigo, y una vez sembrado el caos en nuestro interior juntamos nuestras almas para hacer uno de dos. Ahora somos dos cuerpos con un solo alma. Fluimos entre en bien y el mal, la tristeza y la alegría, el odio y el amor. No sabemos lo que somos ni lo que queremos, pero es así como más felices somos. Nada tiene sentido en nuestro interior ni en el exterior, pero es lo que nos gusta. Somos cabezotas, refunfuñones, caprichosos; también estamos majaretas, chiflados, locos, pero son estas extrañas "cualidades" las que nos hacen especiales, diferentes, y las que hacen que nos queramos tanto.
Somos imanes con igual polaridad, por eso chocamos y al juntarnos debe ser necesidad. Ninguno de los dos cree en el amor, y cuando nos da la sensación de que este nos alcanza emrendemos el vuelo hacia Venus para saludar a las estrellas y pedirles consejo sobre las críticas de los humanos al decir que somos unos lunáticos, y la Osa Mayor siempre nos contesta: "¿Qué sería del mundo sin unos pocos locos?", entomces reímos, volvemos a posar los pies en la Tierra y hacemos frente a la vida cogidos de la mano.