Quan doloroso es tener tanto que decir y no poder hacerlo porque no sabes como. Llevo dentro de mí un amor muy grande, tan grande que me supera, y tan difícil de explicar que me duele. Duele tanto como te he querido y te sigo queriendo, porque al igual que uno no elige a quién querer, tampoco elige cuándo dejar de hacerlo, y desde luego no se deja de querer a una perona de un día para otro.
Te sigo queriendo porque clavaste en mi corazón una espinita, una espinita que pincha tanto como todas las espinas de un ramo de rosas, y cada vez que noto su pinchazo me pregunto que porqué no tuve el coraje suficiente para tragarme el orgullo y venir a hablarlo contigo, y entonces me doy cuenta de que fui una cobarde y que lo sigo siendo por no haberte dicho jamás el lugar que ocupaste en mi vida y lo que significaste para mí.
Cada vez que te veo se me llena el corazón de lágrimas por no poder ni querer saludarte con el entusiasmo con el que lo hacía antes. Y es que si supieras todo lo que vuela entre mi corazón y mi mente necesitarías tres vidas más para entenderlo, pues no lo entiendo ni yo.
Así que ahora que estoy inspirada me atrevo a decirte que para mí fuiste una persona grandísima y que en su momentos solo tenía ojos para tí, que te llegué a confesar (sin yo saberlo ni darme cuenta) cosas de mi misma que ni yo sabía, que fuiste y sigues siendo de las pocas personas que he conocido con un corazón tan grande y una mente tan abierta como la que tenías, aunque a veces un poco cabezota.
Te quise, te quise mucho, más de lo que pudiste imaginar alguna vez. Así que a pesar de que ya no intercambiemos ni los saludos, creo que debías saberlo y yo debía sacarlo de mí si no quería explotar en llantos.
En fin, disfruta de la vida y ándate con ojo con lo que haces que poquito a poquito estás construyendo tu destino.
Cuidate mucho y vive la vida.